Hace un par de meses lancé Código Chigüiro desde Villavicencio — no desde Bogotá. Una consultora de inteligencia artificial aplicada a empresas del Llano colombiano.
Antes de construir la primera solución, pasé semanas hablando con gente que ya está en el terreno: dueños de contratistas petroleros, gerentes de PYMES, reclutadores, dueños de hatos ganaderos, funcionarios de alcaldías pequeñas.
La pregunta era simple: ¿qué les pasa con esta onda de la IA? La respuesta fue distinta a lo que esperaba. Acá van 3 cosas que aprendí — no en teoría, sino escuchando.
Los empresarios del Llano no le huyen a la IA. Le huyen al humo.
Cuando me senté con el dueño de una contratista petrolera del Meta, esperaba escuchar «eso no es para nosotros» o «muy complicado». En cambio me dijo: «Mándame lo que sea, menos una presentación con la palabra transformación digital».
Esa frase se me quedó pegada. Porque la escuché casi idéntica 4 veces más en conversaciones con gerentes de PYMES en Villavicencio, con reclutadores en Bogotá, con un alcalde en un municipio pequeño.
El problema no es la tecnología. Es cómo se las han vendido. Durante años les ofrecieron «soluciones integrales de IA», «plataformas inteligentes», «ecosistemas cognitivos». Palabras bonitas, cero impacto medible. Gastaron plata. No vieron resultado. Ahora desconfían — con toda la razón.
Lo que funciona: dejar la presentación, abrir el computador, y mostrar un proceso real. Acá está la carpeta con 300 facturas. Esta IA las lee en 2 minutos. Ahora tu gente puede revisar los 5 casos raros en vez de cargar los 300. Eso convence. Diagramas, no.
El problema no es no saber de IA. Es no saber qué automatizar primero.
Segunda pregunta que hago en cada conversación: «Si pudieras automatizar un proceso en tu empresa, ¿cuál sería?». Respuesta 9 de cada 10 veces: silencio largo, y después «uy, tendría que pensarlo».
No es que no sepan. Es que saben demasiado. Tienen 50 procesos que les gustaría automatizar y no pueden priorizar. Es parálisis por análisis — y tiene sentido, porque priorizar mal cuesta plata.
La trampa del fundador con presupuesto es querer automatizar todo de una vez. Contratan a alguien, arman un comité, hacen un diagnóstico de 4 meses, y al final no implementan nada. Vi eso 3 veces el último mes.
El approach que funciona: elegir UN proceso. Uno solo. Medible, corto, repetitivo. Automatizarlo en 2 semanas. Medir el ahorro real. Mostrar los números. Después sí, decidir el siguiente. Automatizar uno, demostrar, iterar.
«Tú no conoces mi sector» es la objeción más común. Por eso trabajo por sectores.
Tercera cosa que aprendí: la objeción número uno en LATAM no es el precio. Es «tú no conoces mi sector». Y es una objeción legítima. Un chatbot genérico no entiende que cuando un contratista petrolero dice «frente de trabajo», no es lo mismo que cuando una PYME de retail dice «frente» — a lo mejor ni siquiera usan esa palabra.
Un modelo de IA que funciona en banca no funciona en ganadería, porque el vocabulario, las regulaciones, las preocupaciones y las dinámicas del día a día son radicalmente distintos.
Por eso Código Chigüiro trabaja con 6 sectores específicos del Llano: petroleras, PYMES locales, RRHH, ganadería, alcaldías y sector salud. No ofrecemos «IA para empresas». Ofrecemos IA para contratistas petroleros del Meta. IA para dueños de PYMES en Villavicencio. IA para hatos ganaderos del Casanare.
El costo de esa decisión: no podemos atender todos los sectores. El beneficio: cuando entramos a una petrolera, ya sabemos cómo se llama el reporte HSE, qué le pide Ecopetrol, qué formato manejan. La conversación de venta es 5 veces más rápida y el cliente confía.
La reflexión
La IA no es el futuro del Llano. Es el presente del Llano que aún no se cuenta.
Ya hay contratistas petroleros en el Meta usando OCR para extraer datos de reportes HSE. Hay PYMES de Villavicencio con chatbots de WhatsApp que responden el 80% de las consultas. Hay reclutadores en Yopal filtrando 200 hojas de vida en 3 minutos. Está pasando. Solo que nadie lo cuenta — porque la narrativa de la IA la dominan los grandes, los de Bogotá, los de Silicon Valley.
Parte del trabajo de Código Chigüiro — aparte de construir soluciones — es contar esas historias. Hacer visible lo que ya está funcionando en el Llano. Para que el próximo empresario que piense «eso no es para nosotros» tenga al menos un caso al que mirar.
Siguiente capítulo
Si estás en alguna de las situaciones que describí — desconfiado del humo, paralizado por no saber por dónde empezar, o convencido de que tu sector es muy particular — escribime. Te escucho primero, antes de ofrecerte nada.
El próximo artículo de esta serie («Apuntes del Llano #02») sale en 2 semanas. Voy a contar lo que estoy aprendiendo al hacer la primera venta real. Si querés seguirlo, el LinkedIn lo publico primero.

